Buceadores en mi mare tenebrosum

viernes, 23 de abril de 2010

¿Por qué la vida es tan súmamente puta?

¿Por qué cuando te da algo te lo cobra con creces? ¿Es que acaso algunas personas estan condenadas a la desdicha y a la desolación?
¿Es que acaso, maldita Fortuna, eres tan sumamente asquerosa como para quitarle un marido a una mujer sin llegar al segundo año de casado son sentir ni una pizca de remordimiento? ¿Eres tan cruel de quitarle a un niño de siete meses a su padre justo cinco días después de su bautizo sin sentirte despreciable? ¿Cómo te atreves? ¿Como te atreves a jugar con nuestras vidas?
¿Es que acaso te divierte? ¿Es que acaso somos juguetes para ti?
No puedo decir el nombre. Sólo puedo decir que estaba casado con una mujer que, sin ser de mi familia, la considero como tal y me ha tratado como si fuera su sobrino. Y él, a pesar de lo poco que lo conocí, era igual de bueno.
Creció huerfano de padre, tal y como crecerá su hijo. Su mujer y el se enamoraron bastante tarde, pero fue un flechazo. Se enamoraron y planificaron la boda en muy poco tiempo, apenas un año o año y poco. Poco antes de la boda, el ser rompió una costilla. Tal vez fueses tu, pérfida enemiga, que quisiste prepararnos para lo que iba a pasar. Pero la boda se celebró, y, aunque tuve que salir del banquete por una reacción alergica indeterminada (porque comí lo que como todos los dias, y me hicieron las pruebas de alergia al marisco, que, aunque no lo comi, estuve espuesto a él, y di negativo) lo pasé genial por verlos a ellos tan guapos y felices. Ese día pude verle la cara a la felicidad y al amor, y pude ver felices a los padres de ambos, sobre todo a la madre de ella, que ya habia perdido la esperanza de que sus hijos se casaran. Ahora que lo recuerdo a ella le tiraron una copa de vino sobre el bestido, quedando una marca roja; ¿sería otra de tus burlas, maldita meretriz?
En seguida se pusieron a intentar tener niños. Ella se quedó embarazada pero tuvo un aborto al mes y medio. Pero no dejaron de intenarlo y se quedó embarazada.
Pero ahí no acaba la desdicha. Ella tuvo un parto dificil, de 24 horas. El niño estuvo a punto de morir, y fue salvado por su padre, que no paró de mirar el monitor de las constantes del bebé y se dio cuenta de que las constantes estaban cada vez peor y avisó a las enfermeras, haciendose una cesarea de urgencia.
Y así nació sano y fuerte un niño que me hechizó desde el primer momento en el que lo vi. Era y sigue siendo la cosa más linda del mundo. Y ahora además es supersimpático y superintelingete.
Iba a verlo a menudo, y podía ver las grandes risotadas en las que estallaba acompañadas por todo un coro de chillidos de alegría cuando veía a su padre atravesar la puerta. ¿Por qué ese niño no va a poder hacerlo de nuevo? ¿Eh? ¿Por qué? ¿Qué ha hecho es criatura para merecerlo?
Y el sabado tuvimos su bautizo. Vimos la felicidad de los ellos, la de su familia, la del niño. Era un sueño hecho realidad el ver a esa chica tan feliz y con familia. Y ahora todo ha acabado. Acabado con su escopeta de caza con la que estaba intentando matar a un cerdo de su granja para el negocio de venta de estos animales que tenia. La escopeta se disparó por accidente, acabando así con su vida.
Ahora todo se acabó. Ahora una madre tendrá que sacar adelante a un niño. Ahora un niño no podrá conocer a su padre. Ahora una vida se ha truncado.
Sólo pido una oración por su alma desde aquí. Es lo único que se puede hacer por él. Por mi parte, sólo puedo consolar a su viuda y atudarla en lo que pueda.

El señor es mi pastor, nada me falta;
En verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo,
porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los dias de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Padre nuestro que estas en los cielos...

+ Requiem In Pace +

Gracias por escucharme y por la oración. Un besazo:
DCAC
(Este texto fue escrito el dia 22 de abril de 2010 a las ocho de la tarde, en plena ebullición de la pena, así que lo he escrito desde el alma y el dolor. Ahora estoy mejor, gracias por leerme)

jueves, 22 de abril de 2010

¿Se puede poner título a una vida?

Lo he intentado, y aunque siempre seré fiel a mi primigeneo "De Cotilla a Confidente: Historia de un Drama Moral", no puedo dejar de pensar que tal vez sea el titulo de una etapa infantil que ya he de dejar de lado.
Hola amig@s mi@s, ¿qué tal estais? Lo siento. Regreso y no vuelvo a escribir en una semana. Es ruín hasta para mí. No voy a escusarme. Simplemente no me he sentido con fuerzas para leer o escribir en este mundo de ventanas y telas de araña.
Vengo sin saber que decir. Simplemente con la necesidad de escribir y de llegar a este mundo donde todo el mundo puede leer lo que escribo. Necesito desahogarme sin que me juzgueis. Siento el egoismo, pero quiero ser francos con vosotros, en todo lo que me pase. Para un lugar en el que puedo ser yo no hay lugar para falsos maquillages y ganas de agradar. Eso lo aprendí muy bien de mi cibermami y mi ciberpapi. Por desgracia, soy uno de esos hijos que no se hacen caso de sus padres hasta que se dan el batacazo. Y yo me lo dí.
Fue en forma de reventón. Mis temores cobraron cuerpo cuando todas las emociones que habia conseguido contener durante años fluyeron a través de mí como una enorme catarata, revelando secretos, llorando durante mas de cinco horas seguidas, gritando... Toda una vida de encerramiento y control destrozada en un año. Todo lo que conocia no es ya más que humo y brumas. Y es irónico que me esté dando cuenta de esto justo cuando estoy estudiando en historia el periodo de entreguerras, cuando Europa se da cuenta de que todo ese ambiente de ensalzamiento de la razón, control y civilización que habia creado y en el cual creía firmemente y sobre el cual levantaba todas sus ideas y propositos no ha sido más que una ilusión provocada por la luz deslumbrante de la riqueza.
Yo he sido un reflejo de una civilización Europea. He vivido una epoca de construcción y felicidad durante mi infancia, lo que sería en términos historiologicos el surgimiento de la sociedad griega y el elenismo, en que cada uno de las pequeñas ideas de niño que tenia fueron unificadas por la fuerza de múltiples Alejandros Magnos, como profesores, padres, familias y experiencias.
Luego viví una epoca de estudio y reclusión de los monasterios, que se relaciona con mi aprendizaje y aislamiento social.
El renacimiento llegó a mis diez años, cuando empecé a salir con mis amigos y a formarme, y a entender que habia estado recluido en un oscurantismo de sentimientos y sensaciones. Y también me llevó a volverme egocentrico, a pensar que el mundo no valia nada sin mi, y que siempre me estaria esperando con honores. Craso error. Esto se agravó con el Barroco.
Y llegó la Ilustración, con una excesiva confianza a la razón y una enfermiza filiación con soledad y contemplación. Empecé a pensar en las personas como simples máquinas, a desgajarlas en sus partes mas simples para estudiarlas e intentar comprenderlas. Fui una versión cutre y estupida de Descartes, con el que solo compartí que a ambos esas conductas nos llevaron a la muerte, la suya por arsenico, la mía por asfixia. Mi particular revolución ilustrada llevó unos 4 años. Durante el año pasado, desde que abrí esta ventana, he sido Kant, sometiendo a juicio todo lo que la Ilustración me mostró como cierto. Y me di cuenta de que muchas cosas estaban mal.
Desde septiembre se ha desarrollado en mí con fuerza un espíritu romántico, que atentó contra mi propio sistema. Atacó mis valores y me hizo darme cuenta de mis propios sentimientos y de su importancia en mi vida.
A Hegel parece que me lo he saltado, pero ahora lo estoy contemplando y tal vez si que todo lo que he vivido sea necesario.
Ahora, tras el estallido, que pudo respresentar la Primera Guerra Mundial de mi pequeño universo, estoy en la etapa de entreguerras, con mi crisis moral del 29 que aparece después de la felicidad de mis "felices años veinte" de mi viaje a Italia.
Ahora sólo me queda esperar una reconstrucción y prepararme para la temida Segunda Guerra Mundial, aún más sangrienta que la Primera.
Pero no he de preocuparme, estoy divangando.
Estupida entrada, ¿no creeis? Aunque, extrañamente, reflexionar aqui y ahora me ha servido de mucho. Aclara mi pensamiento y evita la distracción el hecho de obligarme a ser comprensible. Al mismo tiempo, tener delante de ti plasmadas las ideas sobre las cuales estas deduciendo te ayuda a que tus abstractos pensamientos tengan un poco más de cuerpo. Eso si, queda más patético.

Siento una entrada tan patética, pero necesitaba hablar. Por lo menos no ha sido larga.
Espero que todo os esté yendo bien. Intentaré leeros en cuanto tenga tiempo y fuerzas. Un beso a todos, amigos míos. Desde aquí os manda un abrazo aquel que os quiere:
DCAC

lunes, 12 de abril de 2010

Desde el cristal, de nuevo

De nuevo enfrentándome a mi reflejo en este cristal desde el que grito al mundo. Nunca creí que unas palabras fuesen tan dificiles de decir.
Ha vuelto el desaparecido. Vuelve como se fue: con lágrimas en los ojos y una sonrisa en los labios, con la cabeza gacha y la mirada alta, con una mochila repleta de vacio y de recuerdos, tan complicado como la primera vez que se asomó a la ventana.
Vengo sin mucho que contar, mi vida sigue igual de monotona; vuelvo sin una escusa que dar, pues no sé por que deje de venir. Simplemente cerré la ventana y no sentí fuerzas para abrirla. Tal vez me di cuenta de que me estaba empezando a conocer demasiado bien, o que tal vez no me reconocia en lo que escribía. No sé. Me lo he planteado pocas veces, no voy a mentir; me pasa cuando no quiero enfrentarme a una verdad incómoda. Pero no sé. Regreso sin saber por que me fui, como he estado ni por qué he vuelto.
Sólo se que estoy escribiendo después de la pausa más larga que ha tenido este blog. Sólo se que ni tan siquiera entré para celebrar mi primer año en blogger, con lo que me gustan, cómo sabeis, esas chuminadas.
Sólo se que estoy escribiendo como lo hacía en un principio, sin un guión, sin nada pensado, simplemente dejando fluir mis manos sobre las teclas y permitiendo a mis pensamientos plasmarse en esta ventana sin orden ni concierto, siendo fiel a mi retorcida (en el sentido no peyorativo de esta palabra), confusa y compleja mente.
Sólamente que estoy intentando fluir de mi mismo a mi mismo para intentar saber quien soy de una vez por todas.
No sé que me está pasando. Creí conocerme, sabeis que creí conocerme. Me habeis leído, sabeis lo que profundizo o intento profundizar en mí. Pero me he dado cuenta de que no me conozco en absoluto. ¿O será acaso que me he perdido a mi mismo? No lo sé.
Pero el caso es que desde el día 8 de enero de este año que empecé a hablar con mi prima, nada ha sido igual. Ella ha conseguido que confie en una persona como nunca antes. Es como la hermana mayor que nunca he tenido.
Me ha abierto los ojos de una manera que no habia sido capaz de abrirlos yo mismo.
Ahora tengo dos pilares de apoyo: vosotros y ella.
Y aun así me siento vacio. Los que me hayais leído desde el principio sabreis como ha evolucionado mi idea del amor a lo largo del tiempo que he tardado en llegar hasta aquí: al pincipio estaba la idea de droga, maduró hasta la idea de instinto humano, necesidad humana, curiosidad, predisposicion, anhelo y ahora mismo esta idea se encuentra ente la débil línea que separa el deseo y la obsesión. La obsesión por enamorarme, pero la frustración de no ser capaz de amar.
Pero, ¿es acaso eso lo que me mueve, o mejor dicho, mueve a mi esencia a actuar de esta manera?
No lo sé. Como estoy repitiendo y repitiendo hasta la saciedad, nunca he tenido una duda acerca de mi tan grande, tan profunda.
¿Por qué este vacio? ¿Y por qué estos cambios de anímo?
¿Recordais la época de mis días off, sensibles, sensitivos...? Eliminad los acuarius, añadid los drogadictos (porque me paso el dia como si hubiese tomado estupefacientes, todo el día con ganas de reirme, todo el día como en una nube de analgesia...) multiplicad su efecto por dos y su duración por tres. En eso se resumen estos meses que he estado fuera de onda.
Eso y el paliativo efecto de un maravilloso viaje a Italia, que ya os contaré quizá cuando me encuentre más en condiciones para hacerlo. El caso es que no estoy bien.
Parece que nada más os quiero para desahogaros y lo siento. Pero en este momento necesito amigos de verdad.
Mis amigos, pues bueno, lo que está pasando puede resumirse como una serie de catastróficas desdichas: discusiones, noviazgos, rupturas, y un largo etcétera de malos rollos.
Pero ahora estoy aquí y eso es lo que cuenta. Estoy de nuevo en mi camerino, entre bambalinas, donde todos los demas actores, teloneros, directores, guionistas, espectadores y todos los demás personajes que actúan en el gran teatro del mundo dejan de ser un personaje para convertirse en una persona, dejan el maquillaje atrás para mostrarse tal cual sol, dejan lo que les es cómodo ser poque no son ellos en si, y no son sus errores para enfrentarse por fin a la cruda realidad.
Y ahora, como todas esas veces, vuelvo a mirarme al espejo. Y, como en aquella otra entrada, vuelvo a mirar mi patética cara sin maquillage y mi patetico cuerpo sin el atrezo, mi pelo sin esas molestas pero útiles pelucas, y escucho mis palabras sin que estén guiadas por un seguro guión. Ahora miro cara a cara a mis ojos a través de esta pantalla de luz, y si aquella vez solo vi una mirada triste, fea y patética, ahora veo una mirada vacia.
Si, vacía, sin vida. Una de esas miradas que les ves a los ancianos que ya han vivido demasiados y no tienen fuerzas para soportar una herida más. Blanca y nítida, con mis iris marrones intactos y mis negras pupilas, sin venas de sangre recorriéndolo, pero, aunj así, cansados. sólo las orejas ron mis compañeras y confesoras en este duelo por un alma que ya no tiene nada que perder. Un alma que no tiene ganas de morir, pero tampoco de vivir.
Un alma que se confiesa en un determinado momento y en un determinado lugar. Un alma que, como siempre, seguramente que mañana ya esté mejor.
Siento mucho no haber estado para nadie más que para mí, pero ahora necesito ser egoista. Al menos todo lo que pueda.
De nuevo lo siento. Y os doy las gracias por escucharme. Intentaré leer vuestros blog y el de un par nuevos seguidores que se han incorporado. Aunque en mi ausencia también ha habido deserciones.
Me resulta raro una entrada tan corta, y más aún, acabada en un sólo día. No hacía una así desde mis origenes. Puede que vuelva a ser yo. Con mi incomprensibilidad, mis faltas de ortografía, mis erratas por mis deficiencias con la mecanografía y con las prisas y mis cambios de tema.
Un besazo y un abrazo a todos. Y, aunque ya sabeis mi nombre, yo, si no os importa, yo seguiré refugiandome sobre mi máscara de desnudez, mi máscara de verdad. Es tan paradójico como yo el tener que esconderse en un nombre falso para ser auténtico. El caso es que, como en un tiempo, os quiere, os querrá y siempre os ha querido:

DCAC

domingo, 3 de enero de 2010

Sexta parte de mi absurdo relato

Avanzé a través del pasillo con Dana siguiéndome de cerca. Una vez llegué a mi dormitorio, me senté en la cama a descansar. Eché mi cuerpo hacia atrás y dejé que la suave brisa de la ventana que habia dejado abierta antes de salir de la habitación me relajase. Habían sido muchas esperiencias para tan poco tiempo, así que necesitaba desconectar de todo. Mi cerebro era ahora como una sala de fiestas repleta de gente, y todas y cada una de las personas intentaba gritar más alto que la anterior. Esos eran mis pensamientos, intentando destacar, intentando reinar en mi mente. Y esto me causaba un enorme mareo.
Traté de dejar la mente en blanco. Traté de silenciar cada una de las voces que sonaban en mi cerebro, o, en otras palabras, intenté desalojar la enorme sala de fiestas que era mi mente.
Pero comprendí que, lo mejor para desalojar un tumulto, era el agua. Así que ya me relajaría en el agua. Miré a las verdes praderas, con su mágico brillo causado por el reflejo de los los cabellos de la luna. No era, a pesar de la cálida brisa, una noche especialmente calurosa. No sabía si la piscina era una buena opción.
Tal vez un maravilloso de agua bien caliente con mucha espuma era lo que necesitaba.
Encender un par de velas que alumbren levement la sala y que llenen la atmósfera de la habitación con su dulce fragancia. Sentir como el agua corriendo por mi piel, acariciándola, amasándola, notando como relajaba cada uno de mis músculos; sentir la maravilloa presión de la esponja masajeándome, y el olor a miel que despide el gel, combinado con la sensación de dificultad de respirar el aire espesado por el vapor de agua que despide el agua ardiendo...
Notar como mi piel arde y se enrojece bajo el contacto del chorro que salía de la alcachofa y, después, simplemente reposar, dejar mi cabeza apoyada en el borde de la bañera, escuchando sólamente la música que salía del antiguo aparato de radio de mi abuela.
Me acerqué a la ventana a cerrarla. No me apetecía que ningún molesto insecto me obligase a pasar la noche en una ardua cazeria para poder dormir.
La luna brillaba alta en el cielo. El bosque parecía sacado de un cuento de hadas. Brillaba por encima con el resplandor plateado de la Reina de la Noche, pero quedaba en penumbras bajo las copas de los frondosos árboles, sólamente algún que otro plateado rayo se colaba entre las ramas entrelazadas de la vegetación.
Repentinamente me sentí como nueva. Una brisa aun más cálida que al anterior me rodeó, haciéndome estremecer.
Empecé a sentir como, poco a poco, cada una de mis células reaccionaba con esta brisa, como sentía cada una de ellas captaba el fresco olor de los enormes pinos, la esencia de la lavanda, el romero, el orégano o la hierba buena.
Como si mis órganos rejuveneciesen, como si renaciesen, como si fuesen el bosque, desde el más pequeño de los insectos hasta el más enorme de los árboles, charcas o incluso el conjunto del bosque. Era como si me mis células se estremeciesen con cada gota de algua del arrollo al caer por un pequeño salto de agua; sentía respirar al bosque al mismo tiempo que yo; notaba como mi acorazón se acompasaba con el sonido de las pisadas rítmicas del cerdo vietnamita de mi abuela, que correteaba alrededor de la casa... Sentía como si la naturaleza y yo fuésemos una, y como la mayoría de mis pensamientos fuesen sujetos por las raíces de los árboles que ahora respiraban conmigo.
Comprendí que necesitaba la naturaleza. Me llamaba, me relajaba. La piscina, al aire libre, sería mi mejor opción. Además, lo mejor para evadirme, para expandir mi mente, era mantener la cabeza debajo del agua. Y en eso la bañera me suponía una limitación.
Así que, volviendo a mi primera opción, abrí el armario y saque el bikini, poniéndomelo sobre mi ahora hipersensible piel, que era capaz de percibir harsta la más mínima variación en la intentsidad, dirección o sentido del viento.
Cogí mi albornoz también, metiendo el movil en su bolsillo. Quería llamar a mi familia y a mis amigos para que no se preocupasen por mí. Así que pasé por la cocina para salir por la cristalera para llegar al patio trasero, y encontré a mi abuela comiendo una manzana.
- Me voy a bañar. Pero, la verdad, no sé para que te has gastado el dinero en construir una piscina. Si sabes que nunca he tenido problemas para bañarme en esa curva tan ancha que hace el arrollo.
- Pero sabes que nunca me ha gustado que lo hagas. Los ciervos y los demás animales beben ahí, y no es plan que te contagies de alguna enfermedad.
- Pero da igual, ¿no? Se supone que no me contagiaré de ninguna enfermedad porque la Diosa me protege, y si no tu me curarás, ¿no es cierto? -no pretendía ser sarcástica, pero me sale solo. Por desgracia para mí, mi abuela no parecía estar molesta por mi sarcasmo. Y digo por desgracia porque eso significaba que mi abuela iba a cerrarme la bocaza de una sola explicación y sin anestesia.
- Pues verás, querida. Todo el terreno tiene algunos hechizos de protección, haciendo que todo organismo natural vivo no humano que entre tenga una anormal resistencia física y mental. Eso incluye a los virus. Por lo tanto un virus o una bacteria de un animal, como organismo vivo, aumentaría su resistencia y, por lo tanto, entraría en el cuerpo humano infectándolo más virulentamente, haciendo que las Hijas de la Diosa, con nuestra sobrenatural resistencia a las enfermedades, enfermásemos como si ni el virus ni nosotras hubiesemos sido modificados.
- Oh -fue lo único que se me ocurrió decir. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en la cara de mi abuela. Si había algo que le gustaba a ella era quedar por encima de los demás. Era su gran defecto. Así que me vi obligada a distraer la atención del hecho de que tuviese más razón que una santa la mayoría de las veces.- Oye, abuela, ¿y para que es necesaria esta protección de la finca?
- Pues primeramente para evitar la caza furtiva, incendios forestales... Y después como protección al mal.
La sombría expresión que su cara adoptó cuando estas palabras se abrieron paso entre sus finos labios me inquietó hasta el punto de provocarme un inmenso escalofrío.
- ¿El mal, abuela?
Mi abuela separó su vista, que había estado perdida a través de la ventana y la clavó en mi, como si no hubiese sido consciente de todo lo que había dicho después de mi interjección tras su explicación sobre el por qué no podía bañarme en riachuelo. Agitó la cabeza rápidamente y sonrió, eliminando totalmente de su cara la profunda expresión de preocupaciónde su cara, salvo por la chispa de temor que fui capaz de reconocer, camuflada en el centro de su pupila por sus hoyuelos en las mejillas.
- Tranquila, por el momento no tienes que preocuparte por ello. ¿No ibas a darte un baño? Ve, anda, y llama a todos los que te han llamado. Y, cuando llegues a la piscina, no toques ni los cuarzos blancos de alrededor ni el cuarzo rosa que hay en el fondo de la piscina.
- ¿Y eso por qué abuela?
- Los cuarzos blancos están cargados con una energía que impide que los animales se acerquen, el rosa purifica el agua; no hace falta ni cloro ni depuradora.
- Joder con las Hijas de la Diosa, sois peores que MacGyver -dije divertida.
- Esa lengua señorita.
- Lo siento abuela.
Salí y, justo en el momento en que mi abuela salía de mi campo de visión, distinguí como se dibujaba en sus labios una sonrisa de esas que te contienes hasta que puedes por fin dejarla escapar.
Atravesé la cristalera y seguí el sendero, sobrepasando el estanque y dejando atrás el camino flanqueado por los flutales, para seguir el camino de grava hasta la bifurcación, donde, ignorando el camino que iba hacia el bosque, los establos , la sierra yel camino principal, cogí al que iba a la piscina y al pequeño huerto.
La piscina estaba en la cima de una colina, lo que hacía que tuviese unas vistas espectaculares: este y noroeste tenía la larga estensión de los bosques de mi abuela, donde destacaba un bonito roble; al sur estaba el paseo de los frutales y los huertos y jardines de mi abuela; al este, se estendían las llanuras de hierba donde los ganados de mi abuela pastaban con libertad, los caballos y yeguas corrían y, de vez en cuando, se veían a los animales salvajes corretear. Al norte, una bonita charca, donde de vez en cuando se veían a los animales beber y a los ánades nadar tranquilamente. Mi abuela se había encargado de que su dinero quedase bien invertido en una propiedad en la que, además, no había escatimadoen gastos.
Apagué la linterna que había utilizado para llegar allí sin caerme, porque no había puesto iluminación hasta allí. Sólamente en el jardín trasero y delantero, en el primero hasta la pared formada por los futales y en el primero hasta la verja.
La piscina, tal y como dijo mi abuela, estaba rodeada por cristales de cuarzo blanco del tamaño de una pelota de balonmano, formando un círculo, y separados entre sí por, más o menos, medio metro de separación. Nada más la rodeaba, lo que daba una extraña imagen, pues daba la sensación de que cualquier animal podría beber de allí. Supongo que mi abuela podría algun tipo de verja para disimular, porque, si en 22 años yo que me pasaba media vida con ella no me había dado cuenta de que tenía poderes sobrenaturales (más allá de leerme la mente) y era suma sacerdotisa de una religión olvidada, no creo que tenga dificultades para escondérselo a cualquiera.
A uno de los lados había una mesa de piedra con banquetas de madera para hacer comidas al lado del agua. A los tres restantes la mullida hierba invitaba a tumbarse con una toalla.
Me quité el albornoz y lo estendí sobre la hierba a uno de los costados de la piscina. Me senté en el borde, dejando que mis pies y mis piernas fueran bañadas por las frías aguas y las moví rítmicamente, hasta que mis talones pegaban conra los pequeños azulejos azul claro de gresite que cubrían toda la piscina, salvo una partre del fondo, cuyos azulejos eran negros y dibuaban un arabesco, en cuyo centro pude ditinguir a pesar de la ocuridad y de las oscilaciones del agua, un bonito cristal de cuarzo rosa que brillaba con la luz de la luna que se filtraba a través del agua y enviaba destellos alrededor.
Encendí el teléfono movil y, tras medio minuto, 33 sms saturaron mi bandeja de entrada. Seis de ellos eran llamadas perdidas de mi madre, tres llamadas de mi padre, otras tres de mis abuelos desde Grecia, cinco de mi amiga Irene, tres de Ruth, dos de David, cuatro de mis amigos de la carrera y familiares, y lo demás eran mensajes de texto de la novia de David, de un tres de familiares y otros tres de amigos.
Mi padre es griego. De él heredé mis piel canela, y de mi abuela paterna mis ojos color caramelo. Mi abuelo era un magnate del mundo editorial. Su hijo estudió filología hispánica, y allí conoció a mi madre. Desde que terminó la carrera vivía en España con su mujer, encargándose de llevar la editorial conjuntamente con su padre. Su abuela, por su parte, era una mujer de su familia cristiana ortodoxa y chapada a la antigua. Pero es un amor, y la quiero con locura.
Respondí a todos y cada uno de los sms y después llamé a mi madre. Estaba histérica. Me sometió a un profundo interrogatorio acerca de que me había pasado, que tal estaba, que había hecho mi abuela para curarme y mil y una preguntas más, algunas de ellas orientadas, según me di cuenta a saber si había averiguado algo acerca de la naturaleza de mi abuela. Por supuesto, intenté ser lo suficientemente cauta para que no llegase a saber todo lo que había llegado a comprender en esas últimas 24 horas. Pero con mi madre nunca se sabía. Era tan tremendamente perceptiva como su abuela. Ojala heredase pronto la característica familiar, porque, desde mi abuela hasta mi amiga Ruth, la mayoría de las personas de mi alrededor era terriblemente perceptivas.
Cuando mi madre terminó su sesión de interrogatorio, me pasó a mi padre. Su voz profunda y su aun marcado acento me hicieron sentirme arropada. Era una de las personas más cariñosas que me había encontrado en mi vida. A pesar de trabajar mucho, nunca notaba su ausencia, porque me llamaba por teléfono, se escapaba entre las reuniones y a las horas de las comidas para verme... Era el mejor padre del mundo.
Me preguntó acerca de como me encontraba y me felicitó. Después volvió a pasarle el teléfono a mi madre porque, con tantas preguntas se había olvidado de el motivo inicial de la llamada.
Cuando colgué llamé a mis abuelos. Después de un rato de conversación en fluido griego llamé a los demás. Cuando terminé volví a apagar el movil. Lo había revisado tres veces y nada, el no me había llamado.
Evitando la tentación de pensar en él, arrojé el movil sobre el albornoz y me sumergíe en el agua. A pesar de que las piernas ya estaban aclimatadas, el resto de mi cuerpo no, lo que provocó que empezara a convulsionarme en débiles pero molestos escalofríos. En mi cara se sucedían muecas que hubieran resultado de lo más cómicas a cualquiera que me viese. Intentando luchar contra el frío, comencé a nadar. La piscina no era demasiado grande, pero si lo suficiente. Unos diez metros de largo y cuatro de ancho.
Cuando sintí que mi cuerpo ya estaba más o menos acostumbrado, empecé a hacer lo que más me gustaba: bucear.
Dejé mi cuerpo totalmente bajo el agua, notando como mis cabellos se movían libre y lentamente, como una aureola de luz alrededor de mi cabeza. Poco a poco dejé de sentirme y empecé a sentir. El agua borraba las líneas de mi cuerpo, hacíendo que solamente fuese una parte más de agua, expandiéndome y expandiendo mi mente.
Notaba de nuevo como cada pensamiento se dispersaba en el agua, porque el agua y yo éramos uno, y por tanto, había crecido.
Todos los males se iban lavando, purificándose, cayendo detrás de mí con cada nuevo impulso de mis piernas y mis brazos.
Ahora sólo estaba yo, vacía, sin pensamientos. Sólo era un alma, pura, despreocupada; una personalidad carente de preocupaciones, deseos, bojetivos y convicciones.
Era un cerebro, una mente, un alma más allá de lo animal, de lo humano, de lo vegetal. No sabía por que me pasaba eso bajo el agua. ¿Tal vez la falta de oxígeno? ¿Quizá la sensación térmica? ¿El volver al estado primigeneo del elemento dominante en mí en un 70%? ¿O simplemente el sentirme arropada y cubierta por todas partes, a salvo de los males que se me presentaban en el exterior?
Pero ahora tenía otra posibilidad. Tal vezera que en el agua me sentía dentro del influjo de aquella diosa que, según mi abuela, podría rendir culto como sacerdotisa y después como suma sacerdotisa (o como había dicho ella, "matriarca"). Tal vez sentía como la Diosa me llamaba y me protegía en el elemento del agua. Según decían los cuentos, el agua y los espejos eran portales a otras dimensiones, así que, tal vez, el agua era un lugar a medio camino entre la diosa y el mundo real.
Pero avandoné aquellas reflexiones: ¡por Diós, habían pasado poco más de 24 horas y había pasado de ser agnóstica a convertirme en una persona que aceptaba como una verdad inherete a sí misma a una deidad perdida y casi olvidada! ¡No se había planteado que su abuela decía haber hecho una especie de mutación con los animales las plantas y los microorganismos libres de la finca para protegerlo de una realidad que había calificado de "el mal"! ¡Es que ni tan siquiera había prestado atención a "el mal" sino que habñia dejado que su abuela la despistase! ¡Y que decir de lo de las piedras! Tenía un repelente de animales y un purificador de agua dentro de un par de trozos de silicato con una estructura molecular geométrica. Y, ¿de donde había sacado esos critales tan perfectos y de ese tamaño?
Era tan ilógico. Se me habían caído los esquemas de su vida, y lo peor era que, en un tiempo asombroso, los había levantado de nuevo, pero con una nueva forma, una nueva forma que contemplaban a la Diosa y su poder como algo tan normal como la lluvia.
Me impulsé contra una de las paredes de la piscina para dar la vuelta, y entonces fue cuando me percaté: ¿desde cuando no salía a respirar? Desde que había sumergido la cabeza en el agua por primera vez. Y puede que no fuera buena midiendo el tiempo de cabeza, pero de eso había pasado por lo menos cinco minutos. La agonía me invadió, y me impulsé en el suelo de la piscina para salir a la superficie. Cuando mi cara salió abrí la boca, aspirando todo el aire que mis pulmones eran capaces de almacenar. Pero, extrañamente, no me sintí mejor, básicamente, porque, a pesar de no haberme dado cuenta, no me había sentido mal en ningún momento. Simplemente me había dejado llevar por la idea lógica de que necesitaba respirar. Pero no lo necesitaba.
Era como si el aire no fuese necesario, como si simplemente me pudiese nutrir de agua. Hice otra prueba. Me senté en el fondo de la piscina de la parte más baja, lo que me permitía hacer fuerza hacia abajo agarrándome al borde, evitando así mi flotación.
No estuve segura de cuanto tiempo había pasado, pero sí sabía algo, y es que era más de lo que un ser humano podía aguantar.
A pesar de ser algo totalmente inquietante, también era algo muy beneficioso para mí. Pues la sensación tan mágica que me producía el agua se eliminaba cuando la avandonaba, así que ahora no había necesidad de ello. Volví a bucear y dejé que, de nuevo, mi cuerpo se difuminase. Mi mente se expandió, y me sentí relajada como nunca antes. Pero sabía que había algo que me pudiese hacer sentir todavía mejor. Así que me concentré en mi alrededor y, poco a poco, tal y como me había pasado cuando me asomé a la ventana, sentí la naturaleza que había a mi alrededor como una realidad indiferente de mí misma. Y más ahora que había perdido la consciencia de mi propio cuerpo a favor del agua de la piscina.
Ahora era más que sentir el bosque en sí. Podía dibujar un mapa de él. Sentía en mí misma el aleteo de una mosca cerca del viejo roble, como la resina goteaba gota a gota de los pinos, como una tierna ramita caía de un arbol de espino y era arrastrada por la corriente de agua...
Me sentía plena. Completa y totalmente plena. Entonces vi algo que nunca había esperado ver. Vi como el cristal del fondo de la piscina emanaba luz. Pero no lo vi con los ojos, no, lo vi con la mente, con mi nueva percepción espacial.
Seguí concentrándome. Poco a poco noté también las oscilaciones en los cristales de cuarzo blanco de alrededor. Vi un pequeño aura rodeando todos y cada uno de los seres vivos hasta donde mi poder tenía alcance, y vi algun que otro aura energética más por algunos sitios de la finca. Pero lo soprendente estaba en la casa. Mi abuela brillaba como un sol en medio del universo. Su brillo era cegador, cálido y, sobre todo, poderoso, muy poderoso. Hasta ese momento no había llegado a comprender la plenitud delo que me había estado hablando mi abuela. Ahora el poder era más real que antes.
Pero en ese momento noté una pequeña oscilación en ese campo de acción que había creado a mi alrededor. Era una persona. Bajé mi sensibilidad para que pudiese ver con todos mis sentidos, y no con mi aura, y me di cuenta de que era un todo-terreno oscuro que se dirigia hacia casa de mi abuela.
A esas horas no eran normales las visitas, así que me asusté y salí de la piscina. Salté hacia el albornoz, me enganché las zapatillas y encendí el movil por si tenía que llamar a la policía (y así, ya de paso, me di cuenta de que eran las dos y media de la madrugada, lo que señalaba que había estado más de una hora con la cabeza debajo del agua), todo esto mientras corría por el sendero.
La luz del salón estaba encendida. entré por la cristalera rápidamente, pues escuchaba a alguien llorando dentro.
El corazón me golpeaba contra el pecho y la sangre en mis sienes. Cogí el palo que mi abuela había utilizado esa mañana para llamar a las serpientes, lo agarré como un bate de baseball y entré en casa, pero la escena que vi dentro era lo último que me abría imaginado.
Mi abuela abrazaba maternalmente a una chica, que, después de un par de segundos de escrutinio (más que nada porque no podía verle bien la cara, pues la tenía sumergida en el hombro de mi abuela), la reconocí como Andrea, la hija de un guardés de una finca cerca de la de mi abuela. Los veranos y y cuando iba de visita a casa de mi abuela solíamos jugar juntas de niñas, y cuando nos convertimos en adolescentes, mi abuela nos llevaba en coche hasta el pueblo para que bailásemos en alguno de los bares o en la discoteca.
Podía ser considerada una amiga.
Dejé el cayado aspoyado contra la puerta y me acerqué a ellas sin hacer ruido, aunque sabía que mi abuela habia notado mi presencia desde que estaba al lado de la puerta. Siempre lo hacía, sabía donde estaba yo y lo que estaba haciendo en todo momento. Ahora podía imaginarme por qué.
Mientras avanzaba me golpeé en la pierna con una mesita ausiliar, lo que provocó que se volcase una pequeña estatua a imitación de Apolo y Dafne de Bernini qe había encima. Andrea giró su cabeza hacia mí, dejandome ver los surcos de lágrimas que se recorrían las comisuras de sus labios y se perdían bajo su barbilla. Tras unos segundos en silencio, Andrea rápidamente se soltó de mi abuela y se tiró a mis brazos.
Yo no sabía que hacer, así que opté por abrazarla.
- Andrea, tranquila, todo está bien, relájate.
Mis torpes intentos por consolarla sólo hicieron que llorara más fuerte.
- Amelia... snif... Soy la persona más feliz de la tierra... snif... Tu abuela es un angel...
Aquello me quedó descolocada. Con su voz quebrada y débil, entre lágrima y lágrima, ¿me acababa de decir que lloraba de felicidad? ¿Que podía haber pasado para que hubiese reaccionado así? Pero sabía algo: si había nombrado "tu abuela" y "ángel" en una misma frase, sabía que la Diosa estaba de por medio.
- Amelia... Estoy embarazada.
Aquello de que me sorprendiese tan profundamente tantas veces en tan poco tiempo iba a terminar siendo perjudiciar para mi cerebro. Y es que a Andrea le habían diagnosticado esterilidad (no se que patologías extañas la provocaban, pero el caso es que el prducto de ella era ese estado), y, a pesar de haber probado todo tipo de tratamientos, no había conseguido quedarse embarazada. Miré a mi abuela. Su serenidad me contagio. Comprendí que había hecho algo, y que me lo contaría después.
Así que me limité a abrazarla, a intentar concentrarme en ese sentimiento de serenidad que me había transmitido mi abuela e intentar infundir ese sentimiento a Andrea con mi abrazo.
Por desgracia, siempre he sido mala con esa técnicas psicológicas. Eso había que dejarselo a mi amiga Ruth.
Pasaron, según comprové (pués estaba justo delante del reloj de pie de mi abuela), quince minutos hasta que ella se calmó. Se separó de mi y me miró a los ojos.
- Siento haberme comportado así. Pero es que estaba tan feliz que necesitaba agradecérselo a tu abuela, no podía esperar a mañana -se volvió hacia mi abuela y la abrazó-. Muchas gracias Megan, me has dado el regalo más grande de mi vida.
- No ha sido nada, hija, nada. Lo he hecho con todo el amor del mundo.
Mi abuela le besó la frente.
- Por cierto, ya se que nombre ponerle si es niña: Megan.
Mi abuela le sonrió y le colocó un mechon de pelo detrás de su oreja.
- Andrea, en primer lugar no tienes que hacerlo, ponle el nombre que quieras, y en segundo, van a ser varones. Van a ser los dos mellizos preciosos.
Ambas la miramos impresionadas. Andrea bajó la mano hasta su vientre plano y lo acarició con ternura.
Volvió a abrazar a mi abuela y le dio un beso en la mejilla.
- Tengo que irme. Andrés me está esperando en el coche y estará preocupado al ver que tardo.
- Que descanses, Andrea, y no te olvides de venir el martes a por tu infusión.
- No lo haré, mil gracias.
Salió por la puerta, con mi abuela tras de ella. Escuché la puerta de la calle cerrarse y un coche arrancar. En ese momento, mi abuela regresó al salón.
En todo ese tiempo, yo no había acertado a moverme del sitio. Aquello había sido demasiado.
Alejarme del agua habia vuelto mi mente igual de pequña que al principio, y ahora estaba completa y totalmente colapsada.
Los brazos de mi abuela me envolvieron y me llevaron hasta el sofá, donde me senté, o, mejor dicho, me sentó.
- ¿Estás bien? -la maternal sonrisa de mi abuela me empezó a relajar.
- Creo que si. Es solo que... ¡Oh Dios, abuela, esto es demasiado! ¡He visto el mundo con los ojos cerrados, he sentido la naturaleza dentro de mí! ¡He visto la magia palpitar dentro de cada ser de la finca, dentro de las piedras, dentro de tí misma! ¡Acabas de curarle la esterilidad a una mujer! ¡Abuela, no puedo más!
- Descansa -me abrazó fuertemente, y si que noté en su caso como me transmitía serenidad por cada uno de los poros de su piel. Respiré, cada vez más lentamente, mientras ocultaba mi cara en su hombro-. Ya pasó, tranquila. Estoy aquí. Estoy aquí.
Noté mis ojos bañados de nuevo por las lágrimas. Poco a poco, todo fue remitiendo.
- Mi niña, has recibido un don. Podrás ayudar con el a lo demás. Pero, si no quieres, simplemente podrás olvidarlo. Hay hermanas que se salieron de los senderos de la Diosa y contuvieron sus propios poderes. Ahora es normal. Tu cuerpo se está adaptando a tenerlos de nuevo. Pero tranquila, en cuanto salgas de este lugar todo pasará. Tus poderes volverán a la normalidad.
Respiré, asimilando poco a poco las palabras de mi abuela.
- ¿Por qué?
- Primero porque después de tres días los poderes de una aprendiza vuelven a la normalidad, segundo porque ese terreno está consagrado a la Diosa y, por lo tanto, su presencia se hace más latente, y esto provoca que los poderes de sus hijas se vean incrementados. Por último, porque en la naturaleza los dones se desarrollan mejor, mientras que en las ciudades es algo más dificil.
Me relajé con este hecho. Baje mi cabeza, hasta posicionarla en el regazo de mi abuela, acostando mi cuerpo en el sofá. Ella empezó a acariciar mi pelo, mientras que yo comenzaba a hacerme un ovillo: se habia levantado aire frío y yo estaba mojada y cubierta únicamente con un albornoz.
Mi abuela se levantí, cerro la cristalera y me puso una manta que había sobre el respaldo del sillón sobre mi cuerpo, volviendo seguidamente a colocar su cabeza sobre sus piernas y a acariciar mi pelo.
- Abuela, a Andrea... ¿la has curado, verdad?
- Creí que estaba claro. Si. Se lo merecía. Es una mujer buena, y su marido y ella querían un niño. Intentaron apuntarse a las listas de adopción, pero no tenían el dinero necesario. Así que la Diosa las asistió. Unas cuantas infusiones y un poco de energía natural, y no me costó nada romper el flujo de energía negativa que tenía.
- Curiosa manera de designar una patología.
- Es que es lo que veo cuando entro en el plano astral, plano en el que, por cierto, creo que has entrado.
- Era en ese en el que sólo veía energía.
- Si. Por cierto, ¿hasta dónde veías?
- Hasta casi las puertas de la finca.
- ¿Tanto? Tienes mucho potencial, pequeña. Si decidieras unirte...
- Abuela, para, que parece que estoy en un mitin.
- Lo siento, querida.
- Por cierto, abuela, ¿por qué no me dijiste que podía respirar debajo del agua?
Mi abuela se levantó tan rápido que casi me tira del sofá. La miré a los ojos y tenía una mezcla de sorpresa y miedo en ellos. Supe que aquello no era bueno.
- ¡¡¡¿Que puedes hacer qué?!!!


LO SIENTO MUCHÍSIMO. Me he pasado, lo sé, acabo de darme cuenta. Os quiere:
DCAC

viernes, 1 de enero de 2010

¡¡¡¡Feliz Año Nuevo 2010!!!!

A todos y cada uno de vosotros. Muchas gracias por la compañía y el afecto que me habeis regalado durante este año.
Os quiero a todos.
Este año, haciendo balance, ha sido del todo neutro acercándose a bueno.
He tenido unas notas aceptables, no han ocurrido desgracias en mi familia y, lo mejor, os he conocido a vosotros. Cualquier año tendría tintes de bueno con eso.
Pero también ha habido cosas malas este año: estrés, problemas nerviosos, depresiones, problemas en mi círculo de amigos...
Así que la balanza cae hasta compensarse.
Pero, ¿sabeis que? No me arrepiento de casi nada de lo que he hecho. Como dije una vez en una de mis entradas, "las buenas y malas experiencias son necesarias, además de beneficiosas". ¿Por qué? Porque nos enseñan, nos fuerzan a madurar: comprendemos como el trabajo duro reporta beneficios, o nos desengañamos cuando no los vemos; vemos como lo que llega por azar puede irse igual de rápido; nos eneñan que el mundo es efímero, que todo viene y va, y que todo está sujeto a un constante cambio, cuyo marco de referencia somos nosotros mismos y que, paradójicamente, sólo podemos ver lo cambios que se producen en nosotros mismo a través de la imagen que proyectamos en los demas.
El bien y el mal nos guían y nos forjan, nos enseñan a disfrutar de lo bueno y a estar prevenido para lo malo, y a aceptar, modificar o luchar contra las circunstacias negativas.
Ahora en algunos paises empezamos un nuevo ciclo. De aquí en adelante se nos abre un nuevo marco de referencia para valorar nuesta vida y nuestro entorno.
En un momento como cualquier otro que nuestra sociedad ha elegido, va a producirse un cambio enorme. La historia, la única disciplina que se encarga de gritarle a la cara a los hombres todos sus defectos, tomará un nuevo dato para sus sermones. Para nosotros, será una muesca más en la culata, hecha de datos que recordaremos toda nuestra vida con la fecha exactra, otros que recordaremos pero no sabremos cuando, y otros que no recordaremos pero que nos afectarán desde las sombras.
Por delante tenemos todo un nuevo periodo de 365 días para aprender y equivocarnos, para superarnos y avergonzarnos, para sonreir y llorar... Para caernos y levantarnos.
Porque eso es todo lo que cuenta, ¿no? Levantarse después de una caida. Es como el principio de supercompensación del entrenamiento: pimero sufres un bajón, pero este bajon te eleva. Si aprovechas esta elevación, la siguiente caida será igual de fuerte, pero más baja, y supondrá otra mejora, así hasta que consigas llegar a la meta de toda vida: poder superar los miedos, en especial, el miedo a morir.
Porque, ¿madurar no es acaso eso? Es simplemente que te evadas de los miedos de la infancia y aprendas a vivir, vivas cayéndote lo menos posible, sin pasar sobre nadie, intentando hallar la felicidad, enseñando a los demás lo que sabes, y llegar ante La Muerte, enfrentándola con una sonrisa y diciéndole: "He vivido, estoy satisfecho, gracias por esperar hasta el momento justo. ¿Dónde está la salida?"
Me estoy poniendo filosófico y paranoico. De nuevo os estreso con mis estupideces y mi visión tétrica de la existencia. ´
Sólo me queda desearos para este año que empieza y hasta el último día de vuestra vida y más allá de ella que seais felices, que la suerte os sonría, que no os falten el trabajo (bien remunerado), la salud, el dinero, el amor y la buena compañía.
Espero que este año no caigais y si, os caéis, os levanteis rápidamente.
También deseo que podamos compartir todo lo que nos pase, aunque sea a través de esta puerta trasera de la vida que son los blogs. Que podamos reir juntos, llorar juntos, y apoyarnos juntos.
He recibido en este año más amor por vuestra parte que el que me merezco, así que doy gracias al pasado año y pido al nuevo que me permita seguir estando con vosotros y me presente a personas igual de maravillosas, porque no existe nadie mejor que vosotros.
Espero que no os hayais atragantado con las uvas (las mías eran moradas y del tamaño de ciruelas, cortesía de mi abuela; hacía falta un permiso de obras para maniobrar con el racimo), que recibais al nuevo año con ropa interior roja y que compartais este año con las personas que más os quieran y a quienes más querais.
Un millon de besos y el abrazo más fuerte del mundo de parte de Alberto, que se desenmascara de cara al año nuevo, aunque siga firmando como DCAC por todo lo que este pseudónimo le ha dado, que es una de las cosas más valiosas que tengo: vuestra amistad.
Ahora, con mi cara ahora carente de toda máscara, sólo me queda desearos de nuevo lo mejor, desearos un próspero año nuevo a todos (en especial a Gildardo, Arual Agustín, Elena, Amanda, Lucía, Caperu, Mara, Holie, Julie, María, Alma, Mel, Marina, Sophie Pauu, Marina y Evangeline) y deciros a TODOS (los que he nombrado y los que no) que siempre tendreis aqui una mano por si, tras una caida, no podeis levantaros:
Alberto, más conocido como:
De Cotilla a Confidente